2026-07-25

Invierno y vitamina D: ¿alcanza con salir al sol?

Aunque suele asociarse principalmente con la salud de los huesos, la vitamina D interviene en diferentes funciones del organismo. Sin embargo, ni la exposición al sol ni la suplementación deberían manejarse con recomendaciones generales: las necesidades pueden variar de una persona a otra.



¿Qué función cumple la vitamina D?



La vitamina D ayuda al organismo a absorber el calcio, un mineral esencial para la formación y el mantenimiento de huesos fuertes. También interviene en la función muscular, en el sistema inmunitario y en otros procesos celulares.

Cuando existe una deficiencia importante o sostenida, puede verse afectada la salud ósea. En niñas y niños puede producir raquitismo, mientras que en personas adultas puede favorecer el debilitamiento de los huesos y aumentar el riesgo de osteomalacia u osteoporosis.



¿Por qué se habla más de vitamina D en invierno?



A diferencia de otros nutrientes, la vitamina D no se obtiene únicamente mediante la alimentación. El cuerpo también puede producirla cuando la piel recibe radiación ultravioleta B proveniente del sol.

Durante el invierno solemos pasar menos tiempo al aire libre y utilizar ropa que cubre una mayor parte del cuerpo. Además, la producción de vitamina D puede variar según la estación del año, la latitud, la edad, el tono de piel, los hábitos cotidianos y otras características individuales.

Esto no significa que debamos exponernos al sol sin cuidados. La radiación ultravioleta participa en la producción de vitamina D, pero una exposición excesiva puede provocar daños en la piel y los ojos, además de aumentar el riesgo de cáncer de piel. La Organización Mundial de la Salud recomienda incorporar medidas de protección solar cuando el índice UV es igual o superior a 3.

Por eso, no existe una cantidad universal de minutos de exposición solar que sea adecuada para todas las personas. La recomendación debe considerar el tipo de piel, el momento del día, la época del año, la ubicación geográfica y los antecedentes de salud.



¿La alimentación puede aportar vitamina D?



Sí, aunque son pocos los alimentos que contienen vitamina D naturalmente en cantidades significativas.

Entre sus principales fuentes se encuentran:




  • pescados grasos, como salmón, atún, sardina o caballa;

  • yema de huevo;

  • hígado;

  • algunos lácteos y bebidas vegetales fortificadas;

  • otros alimentos enriquecidos con vitamina D.



Incluir estos alimentos dentro de una alimentación variada puede contribuir al aporte diario. Sin embargo, la alimentación no siempre alcanza para corregir una deficiencia ya instalada, especialmente cuando existen determinados factores de riesgo.



¿Todas las personas necesitan tomar suplementos?



No. Tomar vitamina D “por las dudas” no es recomendable.

Las necesidades varían según la edad, la alimentación, la exposición solar, el estado de salud y otros factores. Las guías de la Endocrine Society indican que las personas adultas sanas menores de 75 años no suelen obtener beneficios adicionales al consumir dosis superiores a las recomendadas para la población general. Tampoco se aconseja solicitar análisis de vitamina D de manera rutinaria en personas sanas que no presentan una indicación específica.

La suplementación puede ser necesaria en determinadas etapas de la vida o frente a ciertas condiciones, pero debe ser indicada por un profesional de la salud. Consumir dosis elevadas sin supervisión tampoco es inocuo: un exceso de vitamina D puede aumentar demasiado el calcio en la sangre y ocasionar náuseas, debilidad, cálculos renales y otros problemas.



¿Quiénes pueden necesitar una valoración especial?



Algunas personas tienen más posibilidades de presentar niveles bajos de vitamina D o pueden requerir indicaciones específicas. Entre ellas se encuentran:




  • personas mayores;

  • quienes permanecen la mayor parte del tiempo en espacios cerrados;

  • personas con exposición solar muy limitada;

  • quienes presentan enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes;

  • personas con osteoporosis u otras afecciones de salud ósea;

  • quienes utilizan determinados medicamentos;

  • embarazadas, bebés, niñas y niños, de acuerdo con la indicación profesional.



En Uruguay, el Ministerio de Salud Pública recomienda administrar 400 UI diarias de vitamina D durante el primer año de vida. También aconseja continuar con esa dosis hasta los dos años en determinados grupos, como niñas y niños nacidos en invierno, prematuros, gemelares, afrodescendientes o con enfermedades que alteren la absorción de nutrientes.

Estas recomendaciones pediátricas no deben trasladarse automáticamente a otras edades ni utilizarse para definir una dosis sin consulta previa.



¿Cuándo conviene consultar?



La deficiencia de vitamina D muchas veces no produce síntomas claros. En algunos casos puede asociarse con debilidad muscular, dolor óseo o mayor fragilidad, pero estas manifestaciones también pueden tener otras causas.

Conviene conversar con el equipo de salud cuando existen factores de riesgo, antecedentes de fracturas, osteoporosis, enfermedades digestivas, renales o hepáticas, o cuando se está considerando comenzar un suplemento.

Será el profesional quien determine si es necesario realizar estudios, modificar la alimentación o indicar una suplementación adecuada para cada situación.



Cuidarse en invierno va más allá de un suplemento



Mantener una alimentación variada, realizar actividad física, aprovechar los espacios al aire libre de manera responsable y cumplir con los controles médicos son medidas que contribuyen al cuidado integral durante todo el año.

La vitamina D es importante, pero no existe una única recomendación que funcione para todas las personas. Ni exponerse al sol sin protección ni comenzar a tomar suplementos por cuenta propia son soluciones adecuadas.

Ante dudas o factores de riesgo, la consulta médica permite evaluar cada caso y tomar decisiones seguras.




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